Isidre Fainé, presidente de La Caixa
El cajero de Manresa y presidente de La Caixa liderará probablemente las cajas de ahorros. Se lo pide el Gobierno y, claro, quién va a negarse en esas circunstancias. Pero al catalán se le ha atragantado un gallego llamado Quintás, de gesto adusto y portazo fácil.
Líder ‘in pectore’
Tiene hasta el 20 de abril para vencer las reticencias que su candidatura a la presidencia de la CECA pueda suscitar. Todo empezó como una sugerencia gubernamental. Juan Ramón Quintás, el gallego que sucedió a Manuel Pizarro al frente de la patronal, quería utilizar el dedazo para imponer al presidente de Ibercaja, Amado Franco, como máximo responsable de las cajas de ahorros. Todo quedaba entre corrientes del PP, con Mariano Rajoy más o menos insatisfecho. Así que el Gobierno, apercibido de la maniobra, se puso manos a la obra. Fue la vicepresidenta económica Elena Salgado quien le dijo a Fainé que su presidencia sería bien vista por el Ejecutivo. Desde las torres de la Diagonal se pusieron en marcha las consultas, incluido el PP, pero Quintás tenía prisa, quería aprovechar el consejo celebrado el miércoles en Sevilla para que todo quedara atado y bien atado tras su marcha. No contaba con la reacción del consejo, previamente apercibido: valía la pena romper la tradición de que fuera el representante de una caja intermedia el representante de todo el sector. Los consejeros forzaron un aplazamiento de la decisión hasta finales de abril, ganando tiempo para poner sobre la mesa todas las alternativas, que se resumen en una: Fainé será indiscutible para un mandato en el que el liderazgo de la primera caja española se hace más necesario que nunca si se quiere afrontar la reorganización del sector (fusiones, posibles intervenciones, negociación con el Banco de España…). Fainé pasó el primer corte sevillano, gracias incluso al apoyo de un Rodrigo Rato (Caja Madrid), con el que ha obtenido cierta complicidad durante su paso por Criteria. No contaba, sin embargo, con la maniobra posterior de Quintás, que desautorizado en su iniciativa, decidió dimitir dando un portazo y dejando constancia de que él no manipularía su relevo, pero que la alternativa era una injerencia gubernamental. De ahí que el entorno de Fainé trabaja en afirmar que su candidatura sólo se presentará si goza de consenso absoluto, una opción difícil de obtener, al menos en el conjunto de las divididas cajas de ahorros españolas.